Ser saludable: bueno, bonito y barato

En las experiencias que hemos tenido en Costa Rica, hemos sido expuestos a una gran cantidad de agricultura sustentable y a un ambiente masivo pro ecológico. El enfoque de las fincas y agronegocios que hemos visitado no ha sido únicamente ganancias, sino que toman en cuenta la “huella” que deja sus ganancia. Como respuesta a los cambios drásticos climáticos que se han dado a sentir en los últimos años, la agricultura que se acostumbraba a practicar se comenzó a reevaluar. Paso por el escrutinio de ambos profesionales de la disciplina y consumidores comunes el efecto dañino que tenía las prácticas de agricultura convencional sobre el ecosistema, suelos y la ecología en general. Entiéndase por agricultura convencional, la agricultura comercial o a gran escala. No es de decir que este sistema no es eficiente; si no que no es sustentable. Depende de la explotación de la tierra, explotación de recursos y uso de químicos nocivos al ambiente. Surge entonces la problemática de cómo se puede alimentar- de manera ecológicamente amigable- a la población de hoy día cuyo crecimiento se caracteriza por ser casi exponencial. Entonces, ¿qué soluciones hay?

A raíz de esto, ha habido un surgimiento cada vez más notable de la agricultura orgánica e integrada. Estos sistemas de agricultura son más “circulares” versus el aspecto “lineal” de la agricultura convencional. Un sistema “circular” completa los ciclos, le devuelve al ambiente y sigue un vaivén de destrucción y renovación. Se caracterizan por usar métodos de control biológico, así sustituyendo insecticidas, fungicidas y fertilizantes químicos, así también como la integración de otros elementos. Por ejemplo, en vez de tener un monocultivo de piñas se tendría un sistema que, luego de cosechar las piñas, siembra en esa tierra leguminosas para la fijacion de nitrogeno en el suelo. También utiliza todas las partes de su finca- ganado y cultivo- de manera que sea un solo de “ecosistema domesticado” y no áreas explotativas aparte. Como caso en punto, se puede usar las heces del ganado para composta de cultivos e incluso en biodigestores. Sin embargo, surge otro cuestionamiento: eficiencia, en especial respecto a las inversiones económicas, versus sustentabilidad. Es decir, lo saludable, en este caso lo orgánico, sale caro.   

Lo interesante de este asunto más bien yace en las alternativas propuestas a este segundo desprendimiento. En Earth University en Costa Rica, tuvimos la oportunidad de visitar una finca cuyo enfoque era la creación de fincas sustentables, “circulares” y orgánicas con muy escasos recursos. Contaba con maquinaria- como biodigestores, fermentadores para fertilizantes orgánicos, “pits” de compostas, siembras en estilo “mandala”, invernaderos- hecha con materiales económicos y fáciles de conseguir. Por ejemplo, se comparó el precio y calidad un fermentador para fertilizante orgánico vendido en el mercado versus uno hecho por la persona. El del mercado tenía un precio de $200, mientras que el hecho domésticamente tenía uno de $6; con muy poco sacrificia en la calidad del producto. Les invito a que indaguen más sobre cómo podemos hacer lo sustentable más económicamente viable. En palabras de un buen consumidor, lo sustentable y orgánico también puede ser “bueno, bonito y barato”.

Por: Alexandra M. Lugo Arroyo