¿Para quién es la comida?

Cuando se habla del impacto ecológico negativo que puede tener la agricultura, la discusión se suele inclinar a temas como monocultivos intensivos, el uso de químicos en cosechas y otros generalmente refiriéndose a todo lo pertinente a plantas. Sin embargo, la ganadería, específicamente la producción de cerdos, la industria lechera y de carne, también deja una marcada huella ecológica en el medio ambiente. Para poder mejor visualizar la gravedad de del impacto de la producción de ganado, se tienen estadísticas* que cuantifican esta “huella”:

  1. El 23% del uso global del agua en la agricultura es para el ganado.
  2. El 20% de los gases invernaderos que son debidos a fuentes humanas son causados por ganado; en especial el metano y el óxido nítrico.
  3. El ganado produce el 65% de óxido nítrico y el 40% de metano.

En conjunto a esto, está el cuestionamiento bioético que surge de la competencia por recursos, principalmente maíz y trigo- dos de los cultivos más grandes mundialmente. Las vacas lecheras requieren maíz, concentrado y pastoreo debido a los altos requisitos nutricionales que exigen para una producción de leche a nivel comercial. En las vacas para carne, se utiliza el maíz para aumentar el rendimiento del canal y para eliminar la pigmentación amarilla de la grasa muscular típica de ganado de carne orgánico (o “grass-fed”), así haciéndola más atractiva para el consumidor. El cerdo, sin embargo, es la mayor competencia. Las vacas, al ser rumiantes, difieren considerablemente en su forma de digestión y alimentos que pueden consumir. Esto implica que bajo un método más sustentable de producción de ganado se podría buscar alternativas para su alimentación que no coincidan con alimentos humanos. Por el otro lado, los cerdos- al igual que los humanos- son monogástricos y omnívoros; consecuentemente teniendo requisitos nutricionales muy similares. Este parecido nos pone en una fija  inmutable competencia, tornando así la porcicultura una práctica poco sustentable. Además, no son muy eficientes en su conversión por alimento. Es decir, necesitan comer mucho para aumentar poco peso.

El cuestionamiento bioético que se desprende entonces sería: ¿hacia dónde debería ir la comida que crecemos? ¿Se usa para alimentar animales o para alimentar humanos?  Aunque los humanos nos alimentamos del ganado, se gasta más comida en ellos de lo que le sacamos, por decirlo coloquialmente. Lo que nos debemos proponer entonces es buscar alternativas para la cría de ganado de manera que elimine o al menos minimice la competencia con los humanos; ya sea utilizando ganado más sustentable como rumiantes pequeños o buscando fuentes alternativas de alimentación para ellos.

En respuesta a esto, se ha visto un auge en adelanto en lo que se conoce como “lab grown meat”. Trata de la producción de carne bajo condiciones de laboratorio  utilizando sólo las células de vacas y cerdos, así ofreciendo carne a escala comercial y de manera sustentable. Sin embargo, no es económicamente viable por el momento ya que solo una albondiga cuesta alrededor de $18,000. Les invito a ver el video “The Meat of the Future: How Lab-Grown Meat Is Made” (https://www.youtube.com/watch?v=u468xY1T8fw) para que investiguen más a fondo esta peculiar y fascinante alternativa. Además, hay acercamientos más veganos, como lo es la iniciativa “Beyond Meat”; que básicamente busca sustituir las fuentes de proteína animal por proteína extraída de plantas (http://beyondmeat.com/about). Les invito a explorar ambos avances tecnológicos y que construyan sus propias respuestas a este cada vez más importante cuestionamiento bioético: ¿para quién es la comida?  

Fuente: Estadísticas proveídas por el Dr. Randy Stanko, professor at Texas A&M Kingsville.

Por: Alexandra M. Lugo Arroyo

%d bloggers like this: